Robertemas

6.6.11

Es difícil encontrar a gente buena

Lo he oído bastantes veces en los últimos años. "No encontramos a gente buena en esto".

No se trataba de conocimientos especialísimos: tecnología antigua, algo que casi nadie conoce, propiedad intelectual secreta. No, nada de eso. Simplemente se buscaba alguien que tuviese buen conocimiento de lo que hacía: CORBA, arquitectura de aplicaciones software, un lenguaje de programación determinado, ventas de equipos tecnológicos... Y era muy difícil encontrar a alguien. Lo mandé a mis contactos de LinkedIn, algún valiente me mandó su curriculum vitae, pero ninguno era adecuado.

No, no era cuestión de dinero. Esa frase la oía yo en el momento que se busca a alguien. Antes de tener la primera conversación y decir "pagamos esto" -- "pues yo lo que pido es esto otro". Si la conversación llegase hasta ese punto, el problema sería otro: "la gente buena en esto pide más de lo que podemos pagar". Pero ninguna conversación llegó hasta ese punto. No aparecía gente "buena en esto".

¿Qué ocurre? ¿No hay nadie que sepa hacer algo bien, bien? ¿En todos estos años la gente se ha dedicado a hacer trabajitos, pero no a aprender a hacer algo bien y con fundamento? ¿Dónde quedan esos estudios tan teóricos que hemos tenido que hacer? ¿Es que quizá nuestras empresas nos fuerzan en nuestro desarrollo profesional a olvidar esos fundamentos para hacer cositas simples, sumas y restas? ¿O es que la gente buena existe, pero una empresa no sabe buscar en los sitios adecuados? ¿Por qué no se encuentran esa oferta y demanda?

Tanta pregunta es muy deprimente para un lunes, así que busquemos lo positivo: si eres muy bueno en lo que haces, tendrás muchas más probabilidades de encontrar trabajo.

Postdata: Un ejemplo: ¿por qué alguien hace un driver para la tarjeta criptográfica del DNI electrónico y no encuentra casi ayuda en lo esencial, pero sí para hacer "cositas" como empaquetarlo en formato .deb?

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6.5.09

Sorpresas en el Curriculum Vitae

Hace poco estaba visitando una instalación tecnológica. Nuestra zona estaba separada del pasillo por mamparas, de modo que veíamos a los de fuera sólo de cintura para arriba.

Estábamos en lo nuestro, cuando vi con el rabillo del ojo una figura que se deslizaba muy rápida por el pasillo. Sí, se deslizaba, como si fuera flotando.

"No puede ser, no he visto bien", pensé. Pero la figura volvía otra vez, deslizándose, flotando por el aire y sosteniendo una cámara de video.

"¿Qué es eso?" Parecía el rodaje de una película, como cuando montan cámaras sobre raíles (lo que todos hemos visto en los making of -- que se escribe con una sola f, por cierto). Sólo que por aquel pasillo yo acababa de pasar y no había raíles.

El tipo que flotaba entró a nuestra zona y se aclaró el misterio: era un cámara que estaba rodando imágenes para un vídeo promocional interno de la compañía y que iba en monopatín.

Nos contó que montaba el monopatín desde que era un niño, y lo seguía haciendo con mucho gusto -- y conseguía unos travelling espectaculares. Había que verlo tomando imágenes mientras se movía de espaldas sin chocarse con ninguna persona, mesa ni ningún equipo.

Y aquí viene mi reflexión (y de ahí el título de este post). Seguro que cuando en la productora estaban buscando un cámara nuevo, tenían un montón de curriculums. Seguro también que esta persona y otros más tenían habilidades técnicas y artísticas suficientes para lo que se buscaba. Pero, en caso de igualdad, el tener una característica especial, una afición que sería útil para el trabajo, ayudó a decantar la balanza para elegirlo.

¿Has pensado en esos detalles tuyos que hacen tu curriculum especial?

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3.10.08

Lección de mi Sensei: soluciona cosas

Esta vez mi sensei fue un compañero de trabajo; me dijo:

Esto te lo pido a ti porque tú me solucionas cosas. Si no me las solucionaras, no te lo pediría.

Normalmente en el trabajo nos hallamos en una curiosa dualidad: por una parte, no queremos que nos den demasiado trabajo (a nadie le gusta estar agobiado), pero si tenemos demasiado poco que hacer, se vuelve insoportable. Lo saben bien quienes, como yo, hemos estado una buena temporada con la obligación de ir al lugar de trabajo pero con muy poco que hacer debido a un inminente cierre.

Suponiendo que estemos en la posición de equilibrio virtuoso en lo que respecta a cantidad ¿qué es lo que define el valor de nuestro trabajo, y por tanto, el nuestro?

El comentario de mi compañero me abrió los ojos: nuestro verdadero valor está en las cosas que solucionamos.

Siempre tendremos algo que hacer, bien porque nos sea asignado, bien porque lo hacemos por iniciativa propia, algo de lo que ya he hablado antes, y que te pueden preguntar en tu próxima entrevista de trabajo. Pero hay que tener cuidado con llenar el tiempo con actividades poco útiles (ley de Parkinson).

Y no es lo que queremos ¿verdad? Queremos ser valiosos, para sentirnos primero bien con nosotros mismos y ser más valiosos ante la empresa (y hacer más fácil ese aumento de sueldo que estamos persiguiendo). Así que, ante cualquier situación, tenemos que preguntarnos:

¿Qué aporto yo aquí? ¿Estoy solucionando cosas o sería más útil para el bien general que me hiciera a un lado?

Seamos valientes y reconozcamos esas situaciones en las que no aportamos nada, para apartarnos humildemente, y buscar aquellas en las que de verdad nuestro trabajo aporte soluciones. Da un poco de miedo, porque en el fondo estás admitiendo que hay algo que se pueden hacer si ti, ya no eres imprescindible, pero, si te centras en aquello en donde de verdad aportas soluciones, los demás te lo reconocerán y podrás brillar un poquito más.

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